RUSH (Ron Howard) 2013 ****
Entrar a una sala de cine a experimentar una aventura automovilística basada en hechos reales es algo que desde un primer momento me sedujo. Tratándose de una película de uno de los grandes directores del Hollywood actual la propuesta se acaba convirtiendo en una cinta de visionado obligatorio. No podría decir si Ron Howard es una de los 10 mejores directores del momento, pero lo que si me atrevería a afirmar es que es uno de los mejores artesanos del panorama cinematográfico americano, proclive a lo largo de su filmografía en retratar, de forma inteligente, relatos basado en hechos reales: Frost contra Nixon; Cinderella Man, Apollo 13 o Una mente maravillosa que le valió un Oscar; al tiempo que los combina con aventuras de notable factura que nos sirven de puro entretenimiento, ejemplo son en los últimos años las dos adaptaciones de las obras de Dan Brown: El Código Da Vinci y Ángeles y Demonios.
Esta RUSH se presenta como una película que muestra de forma excelente la rivalidad entre dos grandes de la Formula 1 en una época en la que subirse a un coche de carreras era una forma de acercarse a la muerte más que al éxito. Esa dualidad esta presente al largo de toda la película, se manifiesta de diferentes formas: éxito-fracaso, profesionalidad-excentricidad, vida-muerte; todo ello en la disputa entre dos grandes pilotos que durante dos temporadas compitieron no solo por ser números 1, sino también por como interpretar la posición que ostentaban y la repercusión profesional que ello suponía. James Hunt y Niki Lauda fueron las dos caras de una misma moneda, una cara fue efímera y mostró el camino que no debía seguir aquel deporte y la otra mostró cual era la vía que no solo conducía al éxito sino también a la profesionalidad.
Tras todo ello existió la historia de dos hombres que Howard nos muestra sin tapujos: gozando del éxito y sufriendo ante el fracaso, al tiempo que le reclaman a la historia una oportunidad para ser los más grandes. Excelentes interpretaciones de Brühl y Hemsworth; brillantes las secuencias de las carreras, un enorme trabajo del director de fotografía (le auguro una nominación al Oscar), y unos comedidos efectos digitales que nos trasladan a esa época tan extraordinaria en la que intentar ser un héroe al volante de un Formula 1 muchas veces acababa en tragedia. Sin duda alguna una de las mejores películas que nunca se han hecho sobre ese deporte y un notable ejemplo de cine deportivo.
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