El genero documental no siempre llega al gran público de la misma forma ni despierta el mismo interés que cualquier otro genero que siempre dispondrá de muchos más canales de distribución. Partiendo de la base que esta película fue galardonada en infinidad de certámenes, incluido el Oscar a Mejor Documental, ya nos pone sobre aviso que esta película tiene algo que muchos otros documentales, que se quedan por el camino, no tienen.
Parece un falso documental, de esos que tan de moda están en el circuito comercial habitual, pero no es así, esta es la increíble historia de Sixto Rodríguez, un músico de raíces latinas, que a inicios de los años 70 prometía una carrera exitosa pero que acabo sin vender apenas ningún disco y cayendo en el más absoluto de los olvidos. Pero mientras esto ocurría en su Estados Unidos originario, en la otra punta del mundo, en Sud África, Rodríguez y sus letras se convertían en un verdadero icono en la lucha contra el apartheid, allí era adorado, idolatrado, vendía miles de discos y sus canciones aun hoy son verdaderos himnos. Pero pese a todo ello Rodríguez nunca supo de su éxito en Sud África, fueron otros los que se enriquecieron a su costa, y las leyendas sobre su suicidio encima de un escenario lo convirtieron en un icono en el país africano.
La película nos muestra esas dos realidades: la americana, con la gente que le produjo y creyó en él, y la africana donde se preguntan que ha sido de ese hombre que con sus canciones tanto les inspiró. Todo ello narrado al tiempo que nos descubren las extraordinarias melodías de Rodríguez, que curiosamente toman vigencia en los tiempos que corren; la película es detallista, sincera, emocionante y emocional, se convierte en una sorprendente búsqueda del artista, pero también de la persona, una búsqueda que conmueve, que convierte el fracaso en éxito, que conjuga y revierte el pasado y el presente, todo ello para descubrirnos la figura de un músico excepcional, un músico que hoy esta más vivo que nunca.


